ACTA DE LA SESIÓN PLENARIA DE CLAUSURA (Versión resumida)
Doc. 84 – 22 de noviembre de 1969
Fecha: 22 de noviembre de 1969 Hora:16:45
Lugar: Sala «A», Teatro Nacional
Presidente:Excmo. Señor Fernando Lara
Presentes:Señores:
Manuel Castro Ramírez
(El Salvador)
Gustavo Serrano Gómez (Colombia)
George Col ly more
(Trinidad y Tobago)
Juan Isaac Lovato (Ecuador)
Richard D. Kearney
(Estados Unidos)
Eliseo Pérez Cadalso Juan Alberto Llanes (Honduras)
(Paraguay)
Alfredo Fernández Simó
(Rep. Dominicana)
Juan Materno Vásquez (Panamá)
Francisco R. Bello
Carlos A. Dunshee de Abranches (Argentina)
(Brasil)
Antonio Martínez Báez (México)
Alejandro Magnet (Chile)
Julio César Lupinacci Carlos García Bauer Juan B. Lacayo
(Uruguay)
(Guatemala)
(Nicaragua)
Víctor Fernández Dávila (Perú)
Gonzalo García Bustillos (Venezuela)
Cristián Tattenbach
(Costa Rica)
Luis Roque, Secretario Técnico de la Conferencia Richard Hughes, Secretario de la Conferencia Samuel A. Echalar, Jefe do Sesiones Asesores Especiales y Observadores
Estuvieron presentes miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Asesores Especiales y representantes de los Organismos Especializados de la Organización; asimismo, representantes de los Gobiernos americanos no miembros de la Organización de los Estados Americanos, representantes de otros Gobiernos y representantes de instituciones internacionales.
El PRESIDENTE, con el quórum reglamentario declaró abierta la sesión a las 16 y 45
horas.
De conformidad con el orden del día preparado concedió la palabra al Licenciado Juan Materno Vásquez, Presidente de la Delegación de Panamá, quien hizo uso de ella en nombre de todas las delegaciones participantes en la Conferencia.
El LICENCIADO JUAN MATERNO VASQUEZ: Pronunció el siguiente discurso: «Sean mis primeras palabras para expresar a nombre de todos los delegados a esta Conferencia, cuya importancia histórica ya principia a vislumbrarse, para agradecer de la manera más sincera y emocionada, a nombre de mi país la República de Panamá, y en el mió propio, el tan altísimo honor que es comprometedor para mi gobierno, de llevar la palabra en nombre de las delegaciones*
Una mención especial porque nobleza obliga, al señor delegado de Chile, quien tomó la iniciativa para mi designación.
Es justo, es de americanos y es de la hidalguía de hispana extender el agradecimiento al Excelentísimo señor Presidente de la República de Costa Rica, al igual qué a su distinguido Ministró de Relaciones Exteriores y a todas las autoridades de este bello país, y al pueblo costarricense por la acogida y cordialidad que nos han dispensado, tanto como para que no nos hubiese dominado la angustia de la casa lejana, y poder dar todo lo que fuimos capaces para dotar a la América de este instrumento que ahora pasamos a analizar.
Se merece para los efectos históricos la felicitación el Presidente de la Comisión I, el doctor Gonzalo García Bustillos, y el señor Presidente de la Comisión II, el doctor Carlos García Bauer. Demostraron estos dos americanos que la capacidad de dirigir debates no solamente se concreta a dar y quitar la palabra, sino a dar las orientaciones filosóficas para que el trabajo fuese más fructífero. Debemos entornes felicitamos todos los que hemos tenido esta gran oportunidad de dotar al hombre individual americano de un instrumento que puede ser la salvación espiritual. Ahora, señores delegados, una invitación a la meditación profunda, una concentración espiritual saliéndonos un poco de la temática jurídica para ver si es posible que en mis palabras se haga síntesis el espíritu sobre la Convención de Derechos Humanos que dentro de unos instantes vamos a suscribir.
Yo pienso entonces, a la manera unamuniana que en este momento nosotros tratamos de elevar la angustia de ser libre en el hombre americano a un dogma jurídico. De ahí que en el literal a) del Artículo 41 de esta Convención, cuando se dispone entre las funciones de la Comisión de Derechos Humanos el estimular la conciencia de los derechos humanos en los pueblos de América, estamos adquiriendo el tremendo compromiso, la tremenda responsabilidad no solamente de una actuación jurisdiccional ante un derecho violado, sino una posición filosófica, política de estimular al hombre individual americano para que adquiera conciencia de sí mismo, pero no una conciencia de sí mismo como un ser atada a las tradiciones sino una conciencia de sí mismo como un ser liberado para tratar de resolver a la manera del Maestro Albert Scheizer que el destino de la civilización occidental es justamente endiosar al hombre en su dignidad, porque no solamente es el dignatario de los beneficios de la misma, sino que es esencialmente el compendio de la ética del mundo. Por eso la reflexión, la reflexión porque en nosotros los que vamos a suscribir este Convención y que vamos a trasmitir a los gobiernos de nuestros estados nacionales el espíritu de la misma para obtener pronta ratificación, es doble, es doble porque hemos trabajado en el lenguaje más universal que hay, que es el lenguaje de la norma jurídica, y es doble porque estamos diciendo a nuestros gobiernos que el estado nacional americano definitivamente se aparta de la senda guerrerista, porque es la senda que termina con la muerte, para enderezar nuestros pasos por la senda de la paz, que es la senda que termina, con la liberación espiriritual del hombre. Pero que asombra nos referimos en qué hombre estamos pensando nosotros cuando conminamos a la Comisión de Derechos Humanos para que estimule la conciencia de los derechos humanos en América? Yo pienso que es el hombre esencializada en cada uno de nuestros héroes nacionales; yo pienso que es el hombre esencializada cantado en la poética de un Rubén Darío y narrado en la prosa de un Domingo Sarmiente yo pienso que es el niño que describiera tan maravillosamente Juana de Ibarborou, lo mismo que la maestra de América, Gabriel’ Mistral; yo pienso que es el indio desperdigado por la serranía a quien todavía los beneficios de la educación no ha integrado a sus patrias nacionales, y pienso en el joven y el obrero americano que por falta de una debida convicción espiritual se debate en esa angustia ideológica en donde la emoción por hacer patria los hace caer en los atavismos de ideologías que, como ya se ha expresado en mil formas brillantes, no pueden cuajar en este solar americano donde el sol de la libertad tiene que perpetuarse en su inmanencia lumínica.
Señores, para un nacional de Panamá, en una hora de transición de mi patria, cerno son casi todas las horas de América, porque he sostenido siempre que aun los Estados nuestros no han encontrado su estructuración definitiva, que esa angustia por hacernos grandes; que batiéndonos contra las influencias extramericanas que principian en el Congreso de 1826 bajo la inspiración bolivariana ahora cuajan en una forma, ahora llegan plasmadas en un instrumento jurídico, ahora se completa un ciclo para que nosotros, les panameños, podamos seguir dando ejemplo de que en estos países la revolución que hace falta, no es la revolución sangrienta que niega justamente el derecho humano fundamental a la vida; es la revolución ética, que eleva justamente la dignidad de la persona humana. Es el compromiso que adquiere mi país al firmar este instrumento.
Entonces, una segunda y última reflexión, durante todo el debate señor Presidente y distinguidos delegados, hemos escuchado una voz sincera y clara del hombre americano de esta época. Ha sido verdaderamente impresionante escuchar, con la profundidad del profesor y la emotividad del hombre político, con la sinceridad del americano, Las distintas exposiciones que se han plasmado en este articulado. Una cosa es cierta entonces, que ya nosotros en América hemos dejado las andaderas para caminar por sí mismos en el camino más difícil del derecho internacional, que es su culminación, al erigir al hombre individual en sujeto del derecho internacional, en una forma tal que no podemos», a través de nuestras legislaciones, desvirtuar este principio. Es entonces, señores Delegados, cuando debemos recoger toda esta experiencia, sentirnos satisfechos por haber cumplido a cabalidad el mandato recibido por cada uno de nuestros gobiernos, y principalmente sentirnos satisfechos, porque ya en América los hombres dirigentes de los Estados han plasmado en un instrumento lo que es la base del Estado: el hombre en su integridad física, moral y espiritual, definido como un conjunto de cualidades inalienables que llamamos derechos humanos, para, cuya protección, solemnemente , a la hora de firmar este documento nos estamos comprometiendo a hacer la revolución por el hombre americano. Muchas gracias, señor Presidente».
FIRMA DE ACTA FINAL Y DE LA CONVENCIÓN. La presidencia llamó a los señores Delegados por el orden de precedencia, para firmar dichos documentos.
Todas las Delegaciones firmaron el Acta Final. Con respecto a la Convención, solamente lo hicieron aquellos delegados con plenos poderes. A continuación la Presidencia informó que las delegaciones de Costa Rica, Uruguay, Colombia, Ecuador, El Salvador, Panamá, Honduras, República Dominicana, Guatemala, México, Venezuela, Nicaragua, Argentina y Paraguay le hicieron llegar la siguiente declaración que se dio lectura por Secretaría:
«Las Delegaciones abajo firmantes, participantes de la Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos, recogiendo el sentimiento ampliamente mayoritario expresado en el curso de los debates sobre la prohibición de la pena de muerte, concorde con las más puras tradiciones humanistas de nuestros pueblos, declaramos solemnemente nuestra firme aspiración de ver desde ahora erradicada del ámbito americano la aplicación de la pena de muerte y nuestro indeclinable propósito de realizar todos los esfuerzos posibles para que, a corto plazo, pueda suscribirse un Protocolo adicional a la Convención Americana de Derechos Humanos = Pacto de San José, Costa Rica- que consagre la definitiva abolición de la pena de muerte y coloque una vez más a América en la vanguardia de la defensa de los derechos fundamentales del hombre».
El PRESIDENTE, una vez leída dicha Declaración, .manifestó que la Conferencia tomará nota de la misma.
A continuación el Presidente de la Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos pronunció el siguiente discurso para declarar clausurada la Conferencia:
«Señores Delegados:
Al iniciarse el día 7 de este mes esta magna asamblea tuve la honda satisfacción de expresar, en nombre del Gobierno y del pueblo de Costa Rica, la gratitud de esta Nación hacia todos los Gobiernos Americanos que han discernido a mi patria el honor insigne de ser la sede de la Primera Conferencia Interamericana Especializada sobre Derechos Humanos y la satisfacción de recibir en su seno al conjunto de eminentes hombres de América que la integraban.
Hoy, al dar por terminadas las labores de este reunión, quiero expresaros la profunda alegría con que Costa Rica ha visto plasmarse en el seno de su ciudad capital, y como fruto de nuestras deliberaciones, esta Convención sobre Derechos Humanos que viene a consagrar, para siempre y mientras la raza humana exista sobre la superficie del planeta, que América es la tierra de los libres y el solar en que encuentra su más alta expresión y su más seguro amparo la dignidad del Hombre. El documento que hoy firmamos consagra no sólo los derechos fundamentales de la persona humana, sino también garantías eficientes y satisfactorias para la conservación de esos derechos y medios prácticos para reclamar cualquier violación contra los mismos, para su restablecimiento y justa reparación al ofendido, en caso necesario.
En materia de procedimientos para hacer efectivas esas garantías, este documento servirá de ejemplo a otras comunidades de naciones y organizaciones internacionales que quieran perfeccionar los ordenamientos jurídicos regionales o mundiales para la protección de los derechos humanos.
Al clausurar esta Reunión, interpreto el sentimiento de todos los participantes en ella al decir que creemos haber realizado con éxito la labor que se nos encomendó, y que podemos dos-pedirnos’ hoy, unos de otros, con la sensación de haber cumplido con, nuestro deber para con los pueblos americanos en particular y, por incidencia, para toda la Humanidad.
Como individuos, nos queda la satisfacción de haber hecho nuevas amistades entre este grupo de hombres, campeones del Derecho y del ideal de la fraternidad humana, de habernos reunido una vez más con viejos y caros amigos, y de concebir la esperanza de volvernos a encontrar, en lides semejantes, en un futuro próximo.
Quienes hemos tenido la suerte de participar en la dirección de los trabajos de esta Conferencia, queremos dejar testimonio de nuestra gratitud al abnegado equipo de colaboradores, funcionarios y empleados de la Organización de Estados Americanos y del Ministerio de Relaciones de Costa Rica, por el entusiasmo, la inteligencia y la buena voluntad con que han participado en las labores de la reunión y en el éxito de la misma. En particular, quiero hacer llegar esas expresiones de reconocimiento a nuestros más próximos colaboradores, los señores Doctor Luis Reque, Secretario Técnico, Licenciado Richard Hughes, Secretario de la Conferencia y Licenciado Alvar Antillón, Coordinador de las labores del personal de la OEA y del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Reconociendo que hago extensivo a los distinguidos miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a los Observadores de los Organismos Internacionales y de naciones amigas que nos han honrado con su presencia y a las eminentes personalidades, profesores René Cassin, Arthur Robertson y Giorgio Balladore Pallieri, quienes en calidad de asesores y con sus brillantes luces, han dado lustre a esta Conferencia. Antes de terminar, y por encargo especial del señor Presidente de la República, quiero expresar a la Conferencia la emoción y el reconocimiento de los costarricenses por el homenaje que ella ha rendido a la memoria de uno de los más eminentes intemacionalistas de nuestro país, el Licenciado don Luis Anderson Morúa, quien no sólo fue uno de los más sabios juristas de Costa Rica, impulsador del estudio del Derecho internacional desde la cátedra de nuestra Facultad de Derecho y que diera auténtico prestigio al país en el campo internacional, sino que fue, por sobre todo, pionero del ideal panamericanista y uno de los más fervorosos creyentes en el porvenir glorioso de América, y por el homenaje rendido también a una gran mujer costarricense, distinguida jurista y corazón entregado al servicio de la causa de los derechos humanos, doña Ángela Acuña de Chacón.
Con esos dos homenajes habéis rendido el más emocionado tributo a la tradición cívica del pueblo costarricense, a su afán de cultura, a su apego al Derecho, y a las virtudes de nuestras mujeres.
Por todo ello, mil gracias señores. Señores Delegados:
Volveréis a vuestros países con la buena nueva de haber aunado cerebros y corazones para que en América se promueva cada día, en todos los rincones del Continente y de sus islas, un clima de dignidad, de respeto y de amor fraterno entre todos nuestros pueblos.
El texto de la Convención que acabamos de firmar es la consagración de vuestro esfuerzo. Podéis ir en paz con vuestras conciencias y por ello merecéis el bien de América.
Declaro clausurada la Primera Conferencia Interamericana Especializada sobre Derechos Humanos».
No habiendo más asuntos que tratar se levantó la sesión a las 18:00 horas.