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Discurso pronunciado por el Excmo. señor Fernando Lara, Ministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica (Sesión de Clausura) (Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos, 1969)

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL EXCELENTISIMO SEÑOR FERNANDO LARA MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE COSTA RICA, EN LA SESIÓN DE CLAUSURA CELEBRADA EL 22 DE NOVIEMBRE DE 1969

Doc. 82 – 22 de noviembre de 1969

Señores Delegados:

Al iniciarse el día 7 dé éste mes está magna asamblea tuve la honda satisfacción de expresar, en nombre del Gobierno y del pueblo de Costa Rica, la gratitud de esta Nación hacia todos los Gobiernos Americanos que han discernido a mi patria el honor insigne de ser la sede de la Primera Conferencia Interamericana Especializada sobre Derechos Humanos y la satisfacción de recibir en su seno al conjunto de eminentes hombres de América que la integraban.

Hoy, al dar por terminadas las, labores de esta reunión, quiero expresaros la profunda alegría, con que Costa Rica ha visto plasmarse en el seno de su ciudad capital, y como fruto de nuestras deliberaciones, esta Convención sobre Derechos Humanos que viene a consagrar, para siempre y mientras la raza humana exista sobre la superficie del planeta., que América es la tierra de los libres y el solar en que encuentra su más alta expresión y su más seguro amparo la dignidad del Hombre.

El documento que hoy firmamos consagra no sólo los derechos fundamentales de la persona humana, sino también garantías eficientes y satisfactorias para la conservación de esos derechos y medios prácticos para reclamar cualquier violación contra los mismos, para su restablecimiento y justa reparación al ofendido, en caso necesario.

En materia de procedimientos para hacer efectivas esas garantías, este documento servirá de ejemplo a otras comunidades de naciones y organizaciones internacionales que quieran perfeccionar los ordenamientos jurídicos regionales o mundiales para la protección de los derechos humanos. Al clausurar esta Reunión, interpreto el sentimiento de todos los participantes en olla al decir que creemos haber realizado con éxito la labor que se nos encomendó, y que podemos despedirnos hoy, unos de otros, con la sensación de haber cumplido con nuestro deber para con los pueblos americanos en particular y, por incidencia, para toda la Humanidad.

Como individuos, nos queda la satisfacción de haber hecho nuevas amistades entre este grupo do hombres, campeones del Derecho y del ideal de la fraternidad humana, de habernos reunido una vea más con viejos y caros amigos, y de concebir la esperanza de volvernos a encontrar, en lides semejantes, en un futuro próximo,

Quienes hemos tenido la suerte de participar en la dirección de los trabajos de esta Conferencia, queremos dejar testimonio de nuestra gratitud al abnegado equipo de colaboradores, funcionarios y empleados de la Organización de Estados Americanos y del Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica, por el entusiasmo, la inteligencia y la buena voluntad con que han participado en las labores de la reunión y en el éxito de la misma. En particular quiero hacer llegar esas expresiones de reconocimiento a nuestros más próximos colaboradores, los señores Doctor Luis Reque, Secretario Técnico, Licenciado Richard Hughes, Secretario de la Conferencia y Licenciado Alvar Antillón, Coordinador de las labores del personal de la OEA y del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Reconocimiento que hago extensivo a los distinguidos miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a los Observadores de los Organismos Internacionales y de naciones amigas que nos han honrado con su presencia y a las eminentes personalidades, profesores René Cassin, Arthur Robertson y Giorgio Balladore Pallieri, quienes en calidad de asesores y con sus brillantes luces, han dado lustre a esta Conferencia.

Antes de terminar, y por encargo especial del señor Presidente de la República, quiero expresar a la Conferencia la emoción y el reconocimiento de los costarricenses por el homenaje que ella ha rendido a la memoria de uno de los más eminentes internacionalistas de nuestro país, el Licenciado don Luis An Anderson Morúa, quien no sólo fue uno de los más sabios juristas de Costa Rica, impulsador del estudio del Derecho Internacional desde la cátedra de nuestra Facultad de Derecho y que diera auténtico prestigio al país en el campo internacional, sino que fue, por sobre todo, pionero del ideal panamericanista y uno de los fervorosos creyentes en el porvenir glorioso de América; y por el homenaje rendido también a una gran mujer costarricense, distinguida jurista, y corazón entregado al servicio de la causa de los derechos humanos, doña Ángela Acuña de Chacón. Con esos dos homenajes habéis rendido el más emocionado tributo a la tradición cívica del pueblo costarricense, a su afán de cultura, a su apego al Derecho, y a las virtudes de nuestras mujeres.

Por todo ello, mil gracias señores.

Señores Delegados:

Volveréis a vuestros países con la buena nueva de haber aunado cerebros y corazones para que en América se promueva cada día, en todos los rincones del Continente y de sus islas, un clima de dignidad, de respeto y de amor fraterno entre todos nuestros pueblos.

El texto de la Convención que acabamos de firmar es la consagración de vuestro esfuerzo. Podéis ir en paz con vuestras conciencias y por ello merecéis el bien de América.

Declaro clausurada la Primera Conferencia interamericana Especializada sobre Derechos Humanos.

Ver también

Acta final de la Conferencia (Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos, 1969)

CONFERENCIA ESPECIALIZADA INTERAMERICANA SOBRE DERECHOS HUMANOS Doc. 70, Rev. 1 – 22 de noviembre de …

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