lunes, septiembre 28, 2020
 

Firmado en Oslo un tratado histórico sobre las bombas de racimo

Firmado en Oslo un tratado histórico sobre las bombas de racimo

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Durante una ceremonia celebrada en Oslo el miércoles 3 de diciembre de 2008, 92 Estados firmaron la Convención sobre Municiones en Racimo, que prohíbe la producción, el almacenamiento, el uso y la exportación de bombas de racimo.

Se espera que el jueves, al continuar la conferencia, más Estados se unan con su firma. Los activistas de la sociedad civil predicen que al menos un centenar de Estados firmarán finalmente el tratado, que establece también que los Estados deben prestar ayuda adecuada a las víctimas de estas armas. El tratado se negoció en Dublín en mayo de 2008, y debe ser ratificado por 30 países antes de entrar en vigor.

Este tratado constituye una victoria histórica para los activistas de la sociedad civil. Centenares de ONG –entre ellas Amnistía Internacional– y supervivientes de explosiones indiscriminadas de bombas de racimo han apoyado la campaña mundial y se han unido a la Coalición sobre las Municiones de Racimo, creada en 2003.

El gobierno estadounidense saliente boicoteó las negociaciones y se ha negado a firmar el tratado. Rusia China y Eslovaquia también se han negado a firmar. Sin embargo, Afganistán, que ha seguido las negociaciones pero ha manifestado que no firmaría la Convención, acaba de dar luz verde al texto desde Kabul.

“Este tratado ayudará a estigmatizar el uso de estas armas, y Amnistía Internacional pide al nuevo gobierno estadounidense que plasme su firma una vez que tome posesión de la Casa Blanca”, ha manifestado Brian Wood, responsable de investigación sobre control de armas de Amnistía Internacional.

Durante más de 40 años, las bombas de racimo han matado y herido a personas inocentes, y han causado un sufrimiento, unas pérdidas y unas privaciones incalculables a miles de personas en más de 20 países. Estas armas causan la muerte y lesiones a civiles no sólo durante los ataques, sino también durante años después de ser lanzadas, a causa de la contaminación mortal que provocan cuando no detonan en el momento del impacto.

Estas armas causaron en Irak en 2003 y en Kosovo en 1999 más bajas civiles que cualquier otro sistema de armamento. Su uso masivo por parte de Israel en Líbano en agosto de 2006 mató a más de 200 civiles en el año siguiente al alto el fuego. En Líbano, además de municiones de racimo estadounidenses, también se encontraron municiones de racimo de cohetes chinos tipo 81 de 122 mm, y submuniciones MZD-2 de esos mismos cohetes.

Una munición de racimo es un arma compuesta por múltiples submuniciones explosivas que se liberan de un recipiente. Las bombas de racimo dificultan la reconstrucción y la rehabilitación después del conflicto, y el peligroso trabajo de eliminarlas absorbe fondos que podrían dedicarse a otras necesidades humanitarias urgentes. El aspecto y el tamaño de estas bombas las hace especialmente atractivas, pues parecen juguetes. Se calcula que el 60 por ciento de las bajas civiles son niños y niñas.

“Amnistía Internacional cree que, aunque el nuevo tratado no es perfecto, permitirá a los Estados reducir considerablemente el peligro de muertes y lesiones de civiles en situaciones de conflicto y postconflicto”, ha manifestado Brian Wood.

La ceremonia oficial concluirá con un discurso de Richard Moyes, de la Coalición sobre Municiones de Racimo, una clara señal de la importancia que ha tenido la participación de la sociedad civil para conseguir esta victoria.

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